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Durante el período navideño son muchas las familias que optan por pedirle un perrito a Santa Claus o los Reyes Magos. Cuando ese perrito llega al hogar por primera vez es imposible resistirlo, una motita de pelo, tierno, suave, cariñoso, juguetón. Los niños están de vacaciones así que hay mucho tiempo disponible para jugar con él y todo es maravilloso. Sin embargo, con el paso de los días, esa motita de pelo comienza a crecer, terminaron las vacaciones y ya no hay tanto tiempo para dedicarle al perrito. Peor aún hace sus necesidades por todas partes, ya está mudando los dientes y trata de comerse todo lo que encuentra en su camino. En este momento la mayoría de la gente se pregunta si tomaron una buena decisión al adquirir el perrito. En muchas ocasiones la situación se convierte intolerable y sin pensarlo dos veces deciden regalarlo, llevarlo a un albergue o peor aún, abandonarlo en la calle. Resolver esta situación es bastante fácil si hacemos un compromiso genuino. Media hora al día y un poco de paciencia es todo lo que se necesita para entrenar un perrito y comenzar a disfrutarlo a plenitud. Si el perro estuvo solo todo el día en la casa, es buena idea que descargue un poco de energía con un paseo, ya sea por el vecindario o visitando algún parque especializado para perros. En este momento, no se preocupe mucho si se le hace difícil cuando lo saca a pasear y el perro lo arrastra. En la medida que aprenda los comandos básicos y se cree una rutina de paseo el perro entenderá que debe ir a su lado. Una vez de regreso y en la tranquilidad del hogar, de quince a veinte minutos es todo lo que hace falta para enseñarle un poco de modales. Comience enseñando los comandos básicos como sentarse, acostarse y venir cuando lo llame. Recomendamos que comience las sesiones de entrenamiento justo antes de alimentar su perro. Utilice siempre las mismas palabras por ejemplo si le dice “sit” un día para sentarlo no utilice “siéntate” otros días. En otras palabras, la consistencia es de suma importancia. Háblele como le hablaría a cualquier amigo, no le grite ni lo trate con coraje. Si usted no tuvo un buen día, no se desquite con el perro durante el entrenamiento ya que podría cogerle miedo. No le pegue nunca ni lo maltrate, solo trátelo con cariño y no se arrepentirá. Los perros son como niños pequeños, así que la repetición es bien importante. Para enseñarlo a sentarse coloque un poco del alimento que su perro come o una galletita (treat) cercano a su boca y hágalo mirar hacía arriba. No le de la comida hasta que no se siente. Si usted tiene paciencia verá que el perrito se sienta. Automáticamente déle el pedazo de comida o galleta como premio y déjele saber que lo hizo muy bien. Repítalo varias veces cada día hasta que el perro se siente solo. Para más detalles le recomendamos tomar un curso de obediencia con un entrenador profesional. Son muchísimos los trucos que su perrito puede aprender y se sorprenderá de la relación excelente que logrará con su perrito bien entrenado.