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puppy-kitten-sleeping-wide-600¿Quién dijo que los perros y los gatos no podían convivir? Esto una realidad para muchas familias, que pueden disfrutar de la compañía de un gato y un perro o varios gatos y perros, en el mismo hogar y créanme esta dinámica es sumamente interesante. Para poder lograr que el gato y el perro convivan hay que trabajar fuerte en la mayoría de los casos. No es tan sencillo como traer un cachorro al hogar y soltarlo y esperar que se lleven bien. La mayoría de las veces esto termina en desastre.

Toda persona debe recordar que es la responsable de la seguridad de sus mascotas por lo que debe ser muy cuidadosa al traer un perro y un gato juntos en el hogar. Usualmente, el problema principal en la relación entre un perro y un gato es el dueño de ambos.

Cuando un perro o un gato llega a la casa por primera vez, es importante mantener control sobre el perro. Lo ideal es entrar el perro a la casa con una correa puesta, para que sepa que tiene que estar bajo control cada vez que entra en la casa y luego ponerlo en un “crate” o “kennel” y dejar que el gato explore el ambiente. Este paso debe hacerse siempre sin importar si es el gato o el perro el que llega por primera vez al hogar. Si el perro comienza a ladrar se le debe corregir inmediatamente para que no ladre. En el peor de los casos, si el perro no para de ladrar se puede tapar el kennel con una toalla o rosearle agua con una pizca de limón. Esto puede parecer fuerte pero es parte del proceso para que el perro aprenda a respetar las reglas de compartir el hogar. Cuando tenga el perro fuera del “kennel” o “crate” asegúrese de que el gato este bien protegido.

 

Este proceso de aclimatación puede durar varias semanas. Nunca deje el perro y el gato solos en un mismo cuarto. Una vez el perro deje de ladrarle al gato cuando lo vea por lo menos durante una semana corrida, estará listo para salir del “crate” y comenzar a socializar. El perro debe estar siempre con su collar y correa y si demuestra cualquier tipo de agresividad hacia el gato debe corregirlo y llevarlo al “crate” inmediatamente. Corríjalo inmediatamente que demuestre el más mínimo comportamiento de agresividad. Esto puede ser que gruña, ladre, hale la correa, se le paren los pelos del lomo o simplemente si usted ve una mirada agresiva. Si usted espera a que el perro y el gato se envuelvan en una confrontación para corregirlo, el perro entenderá que la corrección no es más que un reto del gato y todo el proceso estará perdido. En perros adultos sugerimos utilizar un bozal para el perro las primeras semanas que el perro esté fuera del “crate”. El bozal debe comenzar a usarse desde que el perro esté en el “crate” para que se acostumbre a tenerlo puesto. Una vez pasen varias semanas y usted vea que el perro y el gato conviven en paz y no hay señales de agresión de ninguna de las dos partes podrá remover el bozal de su perro.

El tiempo que su perro pasa en el “crate” aprendiendo a aceptar la presencia del gato, es el ideal para enseñarle también otros comportamientos requeridos en el hogar como hacer sus necesidades correctamente (“housetraining”) y otros comandos básicos como sentarse, acostarse, quedarse quieto, venir cuando se le llame y caminar con la correa sin halar.

El perro y el gato pueden compartir muchas cosas juntos, pero nunca deben compartir el plato de comida y agua y jugar corriendo libremente no debe permitirse por nada aunque parezca muy divertido. EL ver el gato corriendo libremente puede despertar en el perro el instinto de cazador. Recuerde que un perro grande puede matar un gato en cuestión de segundos.

Si su gato tiene las uñas completas y está introduciendo un cachorro al hogar, proteja el cachorro del gato. Las uñas del gato podrían lastimar gravemente los ojos de su cachorro.

Este proceso debe hacerse con cada nuevo perro o gato que llegue al hogar y nunca debe pensar que su perro está acostumbrado a compartir con todos los gatos del mundo por bueno que sea. Siempre tenga en cuenta que usted es el responsable de la seguridad de ambos y debe ser muy cuidadoso.